Diario Vasco
Untza S.L. ha roto la baraja en el conflicto laboral de las auxiliares de la residencia Iturbide, en huelga indefinida desde el 24 de marzo. La «insostenible» situación originada por este paro ha sido el detonante de la decisión adoptada el martes por las cinco socias de Untza de rescindir unilateralmente el contrato que desde 1998 mantenían con el ayuntamiento.
Las desavenencias entre las 25 empleadas de Untza actualmente en huelga, y las 5 socias de la empresa, que no se han sumado al paro, han acabado por pinchar el globo de esta empresa subcontratista constituida en 1998 a instancias del Ayuntamiento tras acordar la Corporación externalizar el servicio de auxiliares de Iturbide.
Todas ellas, tanto socias como empleadas de Untza, desempeñan su labor como auxiliares de la residencia, y la constitución de esta empresa en 1998 no fue más que un artificio legal para mantener en sus puestos, mediante la creación de una subcontrata, a las auxiliares interinas que hasta entonces trabajaban por cuenta del Ayuntamiento temporalmente.
A mediados de los años 90 el Ayuntamiento convocó unas oposiciones para contratar con carácter interino a una veintena de auxiliares para Iturbide. Al vencimiento de sus contratos, la Corporación acordó externalizar este servicio adjudicándoselo a una subcontrata municipal. Por indicación del Ayuntamiento, doce de estas auxiliares constituyeron Untza. En la actualidad sólo cinco socias continúan formando parte de la empresa, que a lo largo de la última década ha crecido hasta reunir una plantilla de 25 empleadas.
La plantilla de auxiliares de Iturbide cuenta además con otros tres funcionarios del Ayuntamiento, que gozan de unas condiciones salariales y laborales muy ventajosas. Estos tres funcionarios forman parte del núcleo original de auxiliares que, junto con las desaparecidas monjas, se incorporaron a Iturbide a su inauguración en 1985.
El agravio entre las condiciones de estos funcionarios y las auxiliares de Untza ha sido durante años el caballo de batalla de las trabajadoras de Iturbide. Sus reivindicaciones aumentaron de tono a la inauguración de la presente legislatura, que en 2007 arrancó con un pacto de gobierno suscrito por ANV y Ezker Batua-Zutik donde el gobierno municipal explícitamente se comprometía a equiparar las condiciones laborales y salariales de las subcontratas municipales con las de los empleados del Ayuntamiento.
Negociaciones infructuosas derivaron finalmente en movilizaciones auspiciadas por la representación sindical de las auxiliares que ostenta ESK. A las concentraciones diarias en la plaza se le sumaba el 24 de marzo una huelga indefinida que, pese a los servicios mínimos establecidos en el 70 por ciento, están ocasionando inevitables perjuicios a los ancianos residentes en Iturbide, con el consiguiente enfado de los familiares.
Las empleadas de Untza prosiguieron con la huelga tras reiterar su rechazo a una oferta consistorial que la alcaldesa Galparsoro calificó de «aceptable» y que «está muy por encima de los que el convenio del sector puede ofrecer», según aseguran desde Untza.
Las mejoras propuestas por el gobierno municipal consisten en un 30,65 por ciento de subida salarial en 4 años, más el IPC anual, más las subidas lineales planteadas a los trabajadores del propio Ayuntamiento y un tratamiento especial a las bajas, además de otras cuestiones menores.
La asamblea de trabajadoras, reunida el pasado lunes, volvió a rechazar esta oferta. El martes, en respuesta a esta actitud de las trabajadoras, Untza S.L. decidía rescindir su contrato con el Ayuntamiento. Con la desaparición de esta empresa, sus cinco socias se equiparan a las restantes auxiliares y el Ayuntamiento se queda sin subcontrata para realizar legalmente el servicio en Iturbide.
Los responsables municipales tienen ahora dos opciones: o convocar un nuevo concurso para adjudicar el servicio a alguna otra empresa, con la condición de conservar a las 30 auxiliares de Iturbide; o contratarlas directamente e incorporarlas a la nómina municipal. Pero antes deberán someterse a la preceptiva oposición, con el consiguiente riesgo de perder su puesto para quien no apruebe.
Y para cambiar de opinión y aceptar ahora la oferta municipal es demasiado tarde: era a través de Untza como debía aplicarse.
Las desavenencias entre las 25 empleadas de Untza actualmente en huelga, y las 5 socias de la empresa, que no se han sumado al paro, han acabado por pinchar el globo de esta empresa subcontratista constituida en 1998 a instancias del Ayuntamiento tras acordar la Corporación externalizar el servicio de auxiliares de Iturbide.
Todas ellas, tanto socias como empleadas de Untza, desempeñan su labor como auxiliares de la residencia, y la constitución de esta empresa en 1998 no fue más que un artificio legal para mantener en sus puestos, mediante la creación de una subcontrata, a las auxiliares interinas que hasta entonces trabajaban por cuenta del Ayuntamiento temporalmente.
A mediados de los años 90 el Ayuntamiento convocó unas oposiciones para contratar con carácter interino a una veintena de auxiliares para Iturbide. Al vencimiento de sus contratos, la Corporación acordó externalizar este servicio adjudicándoselo a una subcontrata municipal. Por indicación del Ayuntamiento, doce de estas auxiliares constituyeron Untza. En la actualidad sólo cinco socias continúan formando parte de la empresa, que a lo largo de la última década ha crecido hasta reunir una plantilla de 25 empleadas.
La plantilla de auxiliares de Iturbide cuenta además con otros tres funcionarios del Ayuntamiento, que gozan de unas condiciones salariales y laborales muy ventajosas. Estos tres funcionarios forman parte del núcleo original de auxiliares que, junto con las desaparecidas monjas, se incorporaron a Iturbide a su inauguración en 1985.
El agravio entre las condiciones de estos funcionarios y las auxiliares de Untza ha sido durante años el caballo de batalla de las trabajadoras de Iturbide. Sus reivindicaciones aumentaron de tono a la inauguración de la presente legislatura, que en 2007 arrancó con un pacto de gobierno suscrito por ANV y Ezker Batua-Zutik donde el gobierno municipal explícitamente se comprometía a equiparar las condiciones laborales y salariales de las subcontratas municipales con las de los empleados del Ayuntamiento.
Negociaciones infructuosas derivaron finalmente en movilizaciones auspiciadas por la representación sindical de las auxiliares que ostenta ESK. A las concentraciones diarias en la plaza se le sumaba el 24 de marzo una huelga indefinida que, pese a los servicios mínimos establecidos en el 70 por ciento, están ocasionando inevitables perjuicios a los ancianos residentes en Iturbide, con el consiguiente enfado de los familiares.
Las empleadas de Untza prosiguieron con la huelga tras reiterar su rechazo a una oferta consistorial que la alcaldesa Galparsoro calificó de «aceptable» y que «está muy por encima de los que el convenio del sector puede ofrecer», según aseguran desde Untza.
Las mejoras propuestas por el gobierno municipal consisten en un 30,65 por ciento de subida salarial en 4 años, más el IPC anual, más las subidas lineales planteadas a los trabajadores del propio Ayuntamiento y un tratamiento especial a las bajas, además de otras cuestiones menores.
La asamblea de trabajadoras, reunida el pasado lunes, volvió a rechazar esta oferta. El martes, en respuesta a esta actitud de las trabajadoras, Untza S.L. decidía rescindir su contrato con el Ayuntamiento. Con la desaparición de esta empresa, sus cinco socias se equiparan a las restantes auxiliares y el Ayuntamiento se queda sin subcontrata para realizar legalmente el servicio en Iturbide.
Los responsables municipales tienen ahora dos opciones: o convocar un nuevo concurso para adjudicar el servicio a alguna otra empresa, con la condición de conservar a las 30 auxiliares de Iturbide; o contratarlas directamente e incorporarlas a la nómina municipal. Pero antes deberán someterse a la preceptiva oposición, con el consiguiente riesgo de perder su puesto para quien no apruebe.
Y para cambiar de opinión y aceptar ahora la oferta municipal es demasiado tarde: era a través de Untza como debía aplicarse.

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